Arqueologia de Contrato. Una forma de minimizar el impacto durante el proceso de remoción de suelo: estudio de caso en Orellana (Ecuador)
[*]
maría soledad solórzano,
Arqueóloga
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Praxis Archaeologica 2 (2007), p. 107-128
El discutir de arqueología de contrato, salvamento, rescate o urgencia, más allá del término que se utilice para ésta, significa hablar de una forma de minimizar, o dicho de mejor manera, mitigar el impacto arqueológico potencial el momento en el que se necesita realizar una remoción de suelo para construir cualquier infraestructura.
Surge en este punto una pregunta clave ¿Acaso el desarrollo presente debe ser detenido por el pasado? La respuesta lógica sería una negativa absoluta en términos de desarrollo simple, sin embargo a través de las políticas ambientales que se han ido generando la contestación a la interrogante planteada debe ser: del pasado se aprende para en el presente construir el futuro, por lo tanto el rescate de formas de vidas previas a las nuestras en un determinado lugar pueden ir de la mano con el desarrollo de los pueblos y en el caso ecuatoriano, la arqueología de contrato urgencia es clave para reconstruir formas de vida de antiguas sociedades que habitaron dentro de un territorio, al igual que en otras partes del planeta.
2. Reseña histórica de la arqueología de contrato en el caso ecuatoriano
El 29 de junio de 1978 se publica en el Registro Oficial el decreto 2.600 por medio del cual se eleva a la categoría de Instituto de Patrimonio Cultural (INPC) a la antigua Dirección de Patrimonio Artístico adscrita a la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en donde se estipula que el Estado Ecuatoriano es dueño de los bienes arqueológicos que se encuentran dentro de su territorio, tanto en el suelo, subsuelo y/o en el fondo marino, sean estos objetos de cerámica, metal, piedra o cualquier otro material perteneciente a las épocas prehispánica y colonial, incluyéndose restos humanos o de la flora y de la fauna relacionados con las mismas épocas, no obstante el dominio que tuvieren las instituciones públicas o privadas, comprendiendo a las sociedades de toda naturaleza o particulares, sobre la superficie de la tierra donde estuvieren o hubieren sido encontrados deliberadamente o casualmente (INPC, 1979, Ley de Patrimonio Cultural).
De acuerdo a la Ley de Patrimonio Cultural, se establece que cualquier tipo de intervención arqueológica o paleontológica debe realizarse bajo el aval y supervisión del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural; además el artículo 30 de esta misma Ley, suscribe que en cualquier tipo de intervención que implique movimiento de tierra si se encontrare evidencia arqueológica, este hecho debe ser notificado al Instituto Nacional de Patrimonio Cultural a fin de que proceda con la investigación científica, debido a que los sitios arqueológicos son bienes patrimoniales.
Si bien la Ley de Patrimonio Cultural entra en vigencia desde su publicación en 1978, y pese a los esfuerzos realizados por investigadores [1], no es sino hasta la década de los noventas del siglo XX, en la que empiezan los trabajos de urgencia en la Amazonía Ecuatoriana dentro de la industria hidrocarburíbera, dando inicio a una especie de conciencia arqueológica.
Un elemento clave que ayudó a la prevención de la destrucción de bienes patrimoniales fue la creación de ciertas instituciones dentro del área estatal, en una oleada mundial de protección del ecosistema, tales como la Dirección Nacional de Protección Ambiental (DINAPA), Ministerio del Ambiente, entre otros organismos, quienes empiezan a regular de forma más estricta la parte ambiental para la exploración y explotación del petróleo, generando una serie de normas y regulaciones en las cuales el componente arqueológico debe ser revisado a través del organismo creado para preservar los bienes patrimoniales: El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, en base a la ley emitida a finales de la década de los setentas del siglo XX.
La forma de evitar que los trabajos sean detenidos en función de la presencia de bienes arqueológicos es a través de la investigación previa a la intervención de un sitio, generando en el caso Ecuatoriano trabajos de Arqueología de Rescate, Salvamento o mejor aplicado el término Urgencia, durante los cuales se busca minimizar el impacto acarreado por la remoción de suelo. Estas investigaciones son financiadas por las empresas que van a construir determinadas obras, siendo la industria petrolera una de las pioneras en la mitigación de la destrucción de sitios de interés arqueológico, tomando en cuenta que el Estado Ecuatoriano no cuenta con los fondos necesarios para realizar las investigaciones en función al tiempo en que las empresas lo requieren, y que la consecución de estos fondos por parte del gobierno demoraría las operaciones [2].
La legislación ecuatoriana ha permitido develar el pasado de la Amazonía Ecuatoriana, en tanto a través de los contratos de arqueología de Urgencia se ha podido realizar estudios en zonas de difícil acceso y con costos operativos altos, en tanto la mayor cantidad de reservas hidrocarburíferas se encuentran en esta zona del territorio que hoy en día se conoce como Ecuador y donde habitaron pueblos desde hace miles de años, que históricamente fue dejado de lado por las condiciones ambientales que poseía, tema de un debate por sí que no se incluye en este documento.
3. La Arqueología de contrato en Orellana desde 1996-mediados 2005
Este documento surge de la investigación realizada por quien lo suscribe en su disertación escrita para la obtención de la suficiencia investigativa, se tomó la Provincia de Orellana, en tanto, constituye la provincia amazónica donde se realizaron las primeras investigaciones de este tipo en Ecuador (Figura 1).
Fig. 1. Localización de la provincia de Orellana en Ecuador. Fuente: Base de datos de Walsh Enviromental.
Desde 1996, fecha en la que se encuentra el primer informe de arqueología de contrato en la Provincia de Orellana [3], hasta mayo de 2005, Solorzano (2005) realiza un registro de 154 informes arqueológicos realizados en los 7 bloques petroleros de la Provincia, Campos Marginales trabajados por la empresa privada y pública, además de los trabajos de oleoductos y líneas de transmisión de ésta (Figuras 2 y 3).
Fig. 2. Distribución de los tipos de fases de la Arqueología de Contrato en Ecuador.
Fig. 3. Gráfico de la distribución de las fases de la Arqueología de Contrato en Ecuador.
En base a la revisión detallada de cada uno de los informes antes de iniciar su interpretación, Solórzano (2005) realiza una conceptualización de los tipos de arqueología o fases que se ejecutan dentro de contrato o salvamento:
- Diagnóstico: primera aproximación sobre la potencialidad arqueológica del área, se lleva a cabo cuando no va a existir una remoción de suelo. Generalmente se realiza para una fase licitatoria o en lugares donde se vaya a reacondicionar infraestructura y donde no haya existido información previa debido a que si bien es cierto que esta ley se encuentra en vigencia desde 1978, se la ha ignorado durante mucho tiempo, estando las primeras actividades hidrocarburíferas sin realizar esta forma de mitigación de destrucción de un recurso con el que cuenta el Estado Ecuatoriano. Este tipo de trabajos a partir de la metodología aplicada puede ser dividido en diagnóstico bibliográfico, diagnóstico de campo y reconocimiento.
- Prospección: su objetivo principal es determinar la presencia o ausencia de material cultural con la consecuente confirmación y delimitación de los sitios arqueológicos. Se la realiza generalmente cuando ya se ha determinado la zona de intervención donde se va a realizar la remoción de suelo o cualquier tipo de actividad que implique una distorsión del mismo.
- Rescate: salvamento de información en un área puntual. Una vez identificadas las áreas de interés arqueológico, se procede a su recuperación. Por el tipo de intervención que implica la arqueología de contrato generalmente debe ser tipo muestral, principalmente por el tiempo que se le debe dedicar dentro de la obra genera;, en consecuencia el objeto principal del rescate debe ser recuperar información, por lo que se utilizan por lo general modelos estadísticos.
- Monitoreo: fase en la cual se mantiene la presencia de personal cualificado para rescatar piezas o material diagnóstico en el momento de remoción de suelo, que no pudo ser extraída durante el rescate.
Es claro como la mayor cantidad de informes se remiten a la fase de prospección, en tanto se trata de áreas en las que se va a intervenir directamente con remoción de suelo y sería inminente la destrucción de sitios arqueológicos, surgiendo dos cuestionamientos que solo quedará planteado: ¿Acaso se construyeron 93 obras de carácter civil que implicaron remoción de suelo?, ¿Qué sucedió con la obras de carácter civil vinculadas con los gobiernos seccionales municipios, consejo provincial, no se realizaron en los casi 11 años que se muestrearon en base a los informes presentes en el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural [4]?
Dentro de los estudios revisados se observa claramente una evolución de la forma de tratar los sitios arqueológicos, a manera anecdótica de las fotos en papel en blanco y negro y de las fotocopias simples, se pasa a las fotos digitales y copias a color, de uso de sistema de posicionamiento manual en base a cartas topográficas, se observa digitalización de la cartografía puntual de las zonas de intervención.
4. Limitaciones de la muestra
Las “investigaciones arqueológicas” representan una forma de cumplir con los requisitos impuestos por leyes ambientales y culturales nacionales e internacionales. A pesar de estas limitaciones, los distintos trabajos han contribuido para ampliar el conocimiento sobre los antiguos moradores de la amazonía ecuatoriana. Del análisis de los documentos se pudo determinar los siguientes elementos limitantes en las investigaciones y que se reflejan en los resultados finales durante el trabajo realizado por Solórzano (2005):
- Los intereses económicos que se encuentran detrás de la operación hidrocarburífera hacen que las investigaciones arqueológicas se conviertan en un mero requisito dentro de los Estudios de Impacto Ambiental, llegándose a ver con cierto malestar el cumplir con el requisito legal de realizar las investigaciones a fin de evitar las multas y otras penas de orden jurídico, sin considerar al trabajo arqueológico como uno de los vértices cruciales al momento de obtener una licencia ambiental, contribuyendo al conocimiento de quienes fueron los individuos que habitaron en un tramo amplio de la zona, existen sin embargo excepciones como la antigua Arco Oriente, que incluyo investigaciones arqueológicas en un territorio amplio, entre Villano, provincia de Pastaza, hasta Baeza, Provincia de Napo [5].
- Las zonas en donde se realizan prospecciones constituyen transeptos puntuales, en donde no se toman en cuenta zonas circundantes, lo que no permite conocer las asociación de otras áreas con evidencia de material cultural fuera de las rutas, limitando los resultados de las investigaciones a las áreas de intervención, sin que se consideren planes de manejo asociados. La apertura de vías y carreteras atrae migración, situación que esta asociada a la remoción de suelo para la agricultura o infraestructura física, lo que de forma indirecta potencializa la perdida de información arqueológica.
- En la arqueología de contrato se ha insertado un afán mercantilista, algunos investigadores han entrado en el juego, llegándose a veces a repetir las conclusiones de otros informes, sin realizar una verdadera prospección de la zona, y manteniendo una posición positivista, en donde no hay una interpretación de datos, situación que no sería un problema siempre y cuando los informes contaran con los datos completos [6].
- Existe una falta de unificación de criterios el momento de nominar el tipo de trabajos, por lo que se los ha agrupado al interior de este documento a partir de la metodología aplicada por los investigadores.
- La zona de investigación posee una vegetación muy tupida que en algunos casos no permite la toma de coordenadas, pocos de los informes cuentan con coordenadas referenciales o mapas asociados.
- No se cuenta en la mayoría de casos con las dimensiones de los sitios arqueológicos.
Más allá de mantener una postura funcionalista o sistémica, el momento de abordar el tema de las Investigaciones en la Amazonía es de suma importancia considerar esta ecozona como un todo, por lo tanto el ecosistema circundante en donde se encuentre un solo fragmento asociado a cultura material debe ser visto como un indicador de tránsito o actividad perentoria o permanente, en donde la flora y la fauna local deben ser tomadas en cuenta. Otro elementos que debe ser tomado en cuenta el momento de determinar la presencia de material cultural es el hecho de que no necesariamente su cantidad va a ser un indicador de mayor o menor actividad, es posible que las zonas con gran número de fragmentos dispersos no necesariamente tengan relación con otros indicadores de actividad humana junto a las pruebas de lampa implantadas o al material cultura recuperado en ellas, mientras que las que presenten poca cantidad de material cultural pueden estar asociadas con áreas asociadas a cotidianidad o ritualidad como fogones o enterramientos.
Desgraciadamente la información que reportan los informes en la zona de investigación es muy escasa: se limita a las coordenadas UTM, el número de fragmentos de cerámica encontrado y el número de fragmentos de material lítico, datos que en algunos informes no se tiene constancia cuantitativa de estos últimos datos solo indicando su presencia. Este hecho origina el problema de que se cuenta con pocas variables para realizar análisis estadísticos además de que, al tratarse de una zona eminentemente rural, no existe cartografía con un mínimo de resolución para poder llevar a cabo análisis más sofisticados del patrón de asentamiento. Esta información de la provincia de Orellana, en el interior de la Amazonía Ecuatoriana, corresponde a una zona muy poco estudiada en investigación netamente académica (no así por parte de las compañías petroleras), y por ello podría ser extrapolable otras zonas de esta foresta tropical y serviría como elemento de contraste, puesto que la Amazonía posee varias sub-ecozonas, que pueden albergar diferentes tipos de grupos humanos, debiendo considerarse elementos alternativos en el momento de abordar esta temática de investigación.
5. Análisis estadístico de la información
De los 154 informes revisados se desprende un total de 715 puntos muestrales, de los cuales 370 no presentan evidencia de material cultural, mientras que 344 tienen indicios de tránsito o actividad antrópica vinculada a áreas de actividad arqueológica.
Si bien es cierto que el 52% de la muestra no presenta evidencia de actividad arqueológica, el restante 48 % es un indicador de la alta sensibilidad respecto a los asentamientos humanos (Figura 4).
Fig. 4. Puntos muestrales generales para el análisis. Fuente: Informes/archivos INPC.
Para una primera aproximación, se ha considerado el dividir en tres macrozonas el área de investigación, siendo el criterio utilizado los causes de los ríos, en tanto constituyen una de las principales formas no solo de comunicación, sino de aprovisionamiento de ictiofauna, y algunas variedades de herpetofauna, además del acarreo de ciertos nutrientes para el suelo cuando sus cauces son generados en la zona andina, lo que aporta cierto tipo de nutrientes al suelo. Estas grandes zonas son (Figura 5):
Fig. 5. Presencia/ausencia de material cultural por zonas.
- Zona 1: Ríos Coca y Napo, cuya génesis es la serranía, y han sido por centenares de años una de las principales rutas de comercio, lo que se sustenta en el dato histórico a partir de las crónicas del descubrimiento del Amazonas, las misiones y los viajeros del siglo XVIII, por las características de su curso de agua lugar de origen son bañados con nutrientes que bajan de la zona andina. Son los dos grandes ríos de la zona.
- Zona 2: Ríos Secundaríos, afluentes de los anteriores que no necesariamente son navegables, pero que sin embargo pueden servir de rutas de contacto a partir de su curso y aunque tienen su origen en caños o esteros producto del nivel freático y suelo arcillosos. Tienen recursos acuáticos y son fuente de obtención de agua para diferente tipo de fauna (mastofauna, herpetofana), convirtiéndose en microclimas propicios para el desarrollo de flora local, que también es potencialmente aprovechable por conglomerados humanos.
- Zonas 3: Interfluvios, lugares donde se inician los cursos de ciertos esteros que llegan a zonas fluviales, las cuales si bien puede hoy en día ser área pantanosas, considerando los cambios climáticos que ha tenido este ecosistema, y de acuerdo a los datos arrojados por los análisis polínicos, pudieron albergar poblaciones en determinados períodos.
Estas tres zonas a su vez han sido separadas en cinco categorías en base a su sensibilidad para los situar asentamientos, utilizando como criterio fundamental las cuencas hidrográficas como rutas de comunicación y fuentes de aprovisionamiento de recursos:
- Ríos Principales
- Ríos Secundarios
- Zonas Cercanas a ríos principales
- Zonas cercanas a ríos secundarios
- Interfluvios
La distribución de asentamientos respecto a estas zonas es la que se presenta en la figura 6.
Fig. 6. Cantidad y porcentaje de material reportado por área.
La mayor cantidad de sitios con restos arqueológicos han sido reportados en las zonas de interfluvios seguidos, aunque en menor número, de los sitios localizados en los ríos secundarios y sus zonas cercanas, para por último estar cuantificados los sitios de los ríos principales y las cercanías a éstos en cantidades similares.
Los 344 puntos con evidencia de material cultural también han sido sujetos a una separación, sobre la base del tipo y cantidad de material cultural en 10 categorías (Figura 7).
Fig. 7. Distribución de puntos con evidencia de material cultural.
Del total de los datos cuantificados, el 39% del total de la muestra es cuantificable para realizar análisis estadísticos asociados con cantidades de material cultural, y el 59% restante son productos de informes que no cuentan con cuantificación de la cerámica o corresponden a áreas donde se ha realizado actividades como rescate y/o monitoreo (Figura 8). Estos datos se han utilizado para analizar las zonas de ocupación y el patrón de altura al que se sitúan los yacimientos.
Fig. 8. Sitios arqueológicos por densidad de material cultural.
6. Vinculación alturas-localización
Para el análisis por alturas de la presencia de sitios con evidencia de material cultural se han considerado todos los elementos de la muestra recolectada, dividiendo los datos en tres categorías que permitan conseguir significación estadística: 200-250 m.s.n.m, 251-300 m.s.n.m, y mayores de 300 m.s.n.m. Estos rangos han sido determinados en función de las alturas mínimas y máximas que aparecen en los datos (Figura 9).
Fig. 9. Distribución de sitios arqueológicos por alturas.
En general, la mayor cantidad de sitios reportados han sido zonas que promedian los 251-300 m.s.n.m, correspondiendo al 42% del total de la muestra, seguidas de las zonas mayores a los 300 m.s.n.m que constituyen el 30 % de la muestra, para el 28% restante encontrarse entre los 250-300 m.s.n.m (Figura 10). Si bien las variaciones no son excesivamente grandes, sí dan la pauta para inferir que las zonas elevadas si bien pueden ser las predilectas para la implantación de grupos humanos no serán las únicas, siendo las zonas bajas con ciertas condiciones ambientales las que alberguen en su interior también grupos humanos.
Fig. 10. Cantidades de sitos arqueológicos sobre la base de las alturas.
Para los sitios localizados junto a los ríos principales se puede observar la total ausencia de sitios localizados a alturas mayores de 300 m.s.n.m, estando mayoritariamente localizados entre los 250-300 m.s.n.m; además, tampoco existen cantidades apreciables de yacimientos situados a alturas entre 200-250 m.s.n.m. Este hecho está asociado con el asentamiento en condiciones estables de ciertos grupos junto las cuencas de comunicación.
La relación entre las alturas de los yacimientos y la situación respecto a los ríos se ha analizado mediante el test de Chi-cuadrado, que ha proporcionado los siguientes resultados [7] (Figura 11):
Fig. 11. Tabla de contingencia y prueba del Chi-cuadarado para la vinculación alturas-localización.
El análisis indica que existen diferencias estadísticamente significativas entre las alturas de los yacimientos y la localización respecto a las zonas fluviales (X2=312.177 y p<0.001), y entre las variables analizadas existe una relación con significación estadística. Esta asociación indica que los yacimientos localizados en las cercanías de los ríos se sitúan en las zonas de altura intermedia, mientras que en los interfluvios se sitúan casi exclusivamente en las zonas más altas. Además, los yacimientos situados en las orillas de los ríos se localizan en las alturas bajas y media-bajas.
Es muy posible que los grupos humanos que vivían cerca a los ríos principales por situaciones ombroclimáticas que pueden asociarse a inundaciones periódicas hayan preferido las zonas medianamente elevadas; sin embargo, los que se localizaban en las zonas directas de estas cuencas hidrográficas no necesariamente se hayan visto afectados por cambios de cursos, inundaciones, o simplemente se mantuvieran en estos puntos por la importancia de la comunicación y el comercio que implica estar ubicados dentro de esta zona.
Para el caso de los sitios reportados junto a los ríos secundarios se mantiene el patrón de predominancia de ocupación entre los 251-300 m.s.n.m, seguido de las ocupaciones bajas, con pocos puntos localizados sobre los 300 m.s.n.m. En este caso se puede observar un comportamiento similar al existente para el emplazamiento de sitios en la cercanía de los ríos principales, aunque hay un ligero incremento en los asentamientos sobre los 300 m.s.n.m, posiblemente debido a localizarse cerca de las zonas de interfluvio.
En las zonas de interfluvio, existe una variación abrupta en el patrón de emplazamiento de los yacimientos: todos se localizan sobre los 300 m.s.n.m, situación que tendría una directa vinculación con la búsqueda de lugares altos que no sean totalmente anegadizos, para emplazar ya sea sitios de habitación intensiva, estacionales o campamentos para aprovisionamiento. Para la zona Este las alturas que sobrepasan los 400 m.s.n.m, están vinculadas con el área de influencia de Parque Nacional Sumaco.
7. Vinculación cerámica-localización
El problema más importante para poder llevar a cabo este análisis es la escasa cantidad de información existente. Este problema ha obligado a establecer tres categorías respecto a la cantidad de fragmentos, sobre la base de la agrupación de los extremos de las categorías analizables, lo que da como resultado intervalos menores a 10 fragmentos, de 11 a 50 fragmentos y mayores de 50 fragmentos [8] (Figura 12).
Fig. 12. Categorías según la cantidad de fragmentos cerámicos.
Los sitios con baja cantidad de material cultural son mayoritarios, lo que se encontraría vinculado al hecho de corresponder a zonas de pequeñas unidades domésticas que potencialmente mantendrían relación entre sí en ciertos momentos de las ocupaciones, pudiendo corresponder además a grupos nómadas que estacionalmente ocuparon esta zona, con patrones de movilidad similares a los de los Huahorani en la época contemporánea [9]. No se descarta además que las zonas con una muy baja densidad de material cultural estén vinculadas con áreas de aprovisionamiento, principalmente en las zonas de interfluvios. El aprovisionamiento estaría principalmente vinculado con flora local de uso ritual.
No necesariamente la presencia de puntos con mayor densidad de material cultural disminuyen progresivamente en función del aumento del rango, y este hecho puede estar asociado a dos factores: reocupación de las zonas investigadas y/o centros poblados amplios. Lamentablemente los datos con los que cuentan los informes revisados no permiten, en su totalidad, conocer la extensión de los puntos de interés arqueológico o las unidades estratigráficas naturales de los cuales provienen. Pero es importante tener en cuenta que las zonas de los interfluvios mantienen su predominancia en la presencia.
La relación entre las alturas de los yacimientos y la situación respecto a los ríos se ha analizado mediante el test de Chi-cuadrado, que ha proporcionado resultados de la figura 13.
Fig. 13. Tabla de contingencia y prueba del Chi-cuadarado para la vinculación cerámica-localización.
El análisis indica que existen diferencias estadísticamente significativas entre las cantidades de fragmentos de cerámica que se encuentran en los yacimientos y la localización respecto a las zonas fluviales (X2=15.078 y p<0.05), y entre las variables analizadas existe una relación con significación estadística. Esta asociación indica que los yacimientos localizados en las cercanías de los ríos principales o en los interfluvios se asocian con gran cantidad de cerámica, mientras que los localizados cerca de los Secundarios se asocian con una cantidad intermedia. Sin embargo, los yacimientos situados en los ríos principales se asocian con escasa cantidad de cerámica.
Para las zonas de los ríos principales los sitios de interés arqueológico analizados poseen principalmente baja cantidad de material cultural (79%), seguidos muy de lejos de los sitios con presencia media de material cultural (14%), los cuales apenas duplican a los puntos donde se han reportado en prospección mas de 50 fragmentos cerámicos (7%).
En las zonas de las cercanías de los ríos principales se puede observar como hay una cierta estabilidad en lo que se refiere a frecuencias de material siendo los más populares los que se encuentran en rangos bajos de la presencia de material (44%), seguidos de los de rango medio (30%) y por último se encuentran los de mas de 50 fragmentos (36%).
A nivel de sitios localizados en los ríos secundarios, a pesar de que mantienen la frecuencia aparece en menor número los sitios con baja cantidad de fragmentos localizados en los ríos principales (61%), siendo similares numéricamente hablado las cantidades arrojadas en los puntos con presencia media de material cultural (22%) de los que poseen más de 50 fragmentos (17%), a pesar de que porcentualmente existan grandes diferencias, situación relacionada con la cantidad de puntos en este rango.
En la cercanía a los ríos secundarios hay una variación en el patrón existente en los otros tres rangos, en el cual son mayoritarios los puntos reportados con fragmentos entre 11 50 elementos cerámicos (49%), seguidos de los sitios con baja cantidad de material cultural (37%), para por último encontrarse los puntos con baja cantidad de material cultural (16%). Aunque las variaciones numéricas entre los sitios con baja y mediana presencia de material cerámico, haciendo referencia a las alturas, podría ser que la densidad media de cerámica en estos puntos, tenga una vinculación o reocupaciones y/o lugares amplios de emplazamiento de sitios, como ya ha quedado postulado, siendo zonas donde además se debe considerar su cercanía conexión con los ríos principales, una vez llegado al río secundario.
Las zonas de interfluvio recuperan el patrón de predominancia de puntos de baja presencia de material cultural (57%), seguidos de los puntos con la presencia de media de material cultural (35%) y por último los que tienen más de 50 fragmentos (8%), aunque la distancia numérica entre ambos es mínima. Lo que significaría que el interfluvio ha albergado poblaciones pequeñas y grandes, haciéndose uso de este territorio de diversas formas, lo que se sustentaría en los microclimas que posee y la variedad de recursos de flora y fauna que pueden considerarse exóticos, pero que sin embargo debieron ser utilizados por los antiguos habitantes de la zona, como se lo hace hasta el día de hoy.
8. Vinculación cerámica con alturas
A pesar de que no se puede contar con el ciento por ciento de los puntos de la muestra, en tanto no se cuenta con las cantidades de material cultural o son muestras de rescate y monitoreo, se mantiene la primacía de asentamientos con restos de cerámica entre los 251-300 m.s.n.m (69%), seguidos de los localizados entre 200-250 m.s.n.m (17 %) y por último los localizados sobre los 300 m.s.n.m (14%), a pesar de que las variaciones porcentuales tienen rangos más amplios, lo que va directamente vinculado con el número de elementos analizados, por lo que se considera que la muestra es viable para hacer una proyección regional para la Provincia de Orellana (Figura 14).
Fig. 14. Distribución de asentamientos con cerámica por clases de altura.
La relación entre las alturas de los yacimientos y la cerámica encontrada en ellos se han analizado mediante el test de Chi-cuadrado, que ha proporcionado los resultados de la figura 15.
Fig. 15. Tabla de contingencia y prueba del Chi-cuadarado para la vinculación cerámica-alturas.
El análisis muestra que existen diferencias estadísticamente significativas entre las cantidades de fragmentos de cerámica que se encuentran en los yacimientos y la localización respecto a las zonas fluviales (X2=12.746 y p=0.013), y entre las variables analizadas existe una relación con significación estadística. Esta asociación indica que los yacimientos localizados en alturas bajas contienen escasa cantidad de cerámica o aparece una cantidad de cerámica grande. Los yacimientos de altura media y alta están asociados a una cantidad media de cerámica.
Los asentamientos con baja presencia de material cultural, estarían vinculados principalmente a zonas a los 251-300 m.s.n.m (69%), seguidos de los que se ubican entre los 200-250 m.s.n.m (23%), estando muy por debajo numéricamente los que se encuentran sobre los 300 m.s.n.m (8%).
En el rango densidad media de material cultural, no se reporta ningún punto entre los 200-250 m.s.n.m, manteniéndose mayoritariamente los puntos con evidencias de ocupación entre los 251-300 m.s.n.m (76%), disminuyendo la frecuencia drásticamente sobre los 300 m.s.n.m (28%).
En el rango más de 50 fragmentos, se mantiene el patrón establecido de mayor cantidad entre 251-300 m.s.n.m (60%), siguen numéricamente los puntos localizados entre 200-250 m.s.n.m (23%), para por último encontrarse los ubicados sobre los 300 m.s.n.m (17%).
A partir de estos resultados se podría decir que las actividades entre 200 -250 m.s.n.m se vincularían a cambios drásticos por la ocupación del territorio, lo que puede ser un indicio de áreas de actividades perentorias posiblemente de aprovisionamiento (mayoritarias) vinculadas a áreas a zonas estables circunstancias entre sí. En el resto aunque porcentualmente hay diferencias a nivel numérico y de rangos se puede decir que guardan armonía entre si.
El análisis de las variables cuantitativas de que se dispone (alturas y cantidad de cerámica) muestra las siguientes conclusiones (Figuras 16 y 17):
Fig. 16. Distribución de frecuencias de sitios arqueológicos por clase de alturas.
Fig. 17. Distribución de frecuencias de sitios arqueológicos por cantidad de fragmentos de cerámica.
- La mayoría de los yacimientos se localizan a alturas comprendidas entre 200 y 350 metros, aunque existe una cantidad apreciable de yacimientos situados entre 400 y 650 metros. Claramente, los yacimientos no se localizan al azar, y la altura media es 310 metros...
- La distribución de la cantidad de cerámica que la gran cantidad de yacimientos contiene escasa de cerámica, entre 0 y 30 fragmentos. Otras categorías de yacimientos contienen, aunque en cantidades bastante menos apreciables, son: a) entre 150 y 200 fragmentos, y b) más de 380 fragmentos, aunque en cantidad escasamente apreciable.
Estas variables no están correlacionadas entre sí, pues el coeficiente de determinación para un ajuste lineal es R2=0.046 (coeficiente de correlación de Pearson r=0.214), lo que indica que no existe correlación lineal estadísticamente significativa entre la altura donde está situado el yacimiento y la cantidad de cerámica encontrada.
El gráfico de la figura 18 muestra que tampoco existe una relación no lineal entre estas variables. Sin embargo, el gráfico muestra la existencia de asociación entre los datos si se categorizan las variables numéricas como se ha llevado a cabo previamente.
Fig. 18. Gráfico de correlación entre las variables cerámica y alturas.
Es más que conocido que para la Amazonía hay dos tipos principales de asentamientos: los ribereños y los intraribereños de interfluvios, los cuales van a tener variaciones regionales sobre la base de las condiciones topográficas, geológicas y la latitud que ocupan. Esto se traduce en una variación climática que va a repercutir directamente en los cinco modelos de ocupación derivados, modificados en base a los datos aportados por Patricia Netherly (1997):
- Zonas de Bracea, que sostuvo grandes poblaciones y eventualmente complejas, como Meggers lo ha determinado en su investigación y reporte en la Fase Napo (río principal), y Porras en la Fase Suno (río secundario). Éstas pudieron tener aportaciones a partir del contacto fluvial tanto por parte de grupos de la zona andina como por parte de grupos de la Amazonía occidental.
- Áreas ínter fluviales ocupadas por grupos pequeños y escasos. (zona entre el Yasuní y el Tiputini), en las cuales se deben tomar en cuenta la presencia tanto de de bancos como de pequeñas islas que poseen una cierta estabilidad geológica y que sirven como áreas de ocupación estable.
- Zonas ínter fluviales ocupadas por poblaciones grandes y dispersas en la región.
- Grupos humanos asentados en emplazamientos que mantuvieron relación directa con la zona Andina.
- Asentamientos de tipo lagunar, generalmente en las cercanías de ríos principales, los cuales permitirían no solo el acceso de recursos y la comunicación fluvial, si no que además tendrían a su disposición recurso propios generados por el microclima de las lagunas y los tipos de suelo que se derivan de esto, provocando la presencia de un territorio en el cual puede confluir, bracea, terra firme e igapó, utilizados ampliamente por los individuos.
A partir de las formas básicas de los asentamientos en la Amazonía, ribereños e intraribereños, en función de las cuencas fluviales se ha separado la zona en interfluvios, ríos principales, cercanía a ríos principales, ríos secundarios, cercanía a ríos secundarios. Y para una mejor comprensión de las áreas de ocupación vinculadas a los modelos anteriormente expuestos se ha zonificando en seis partes a la provincia de Orellana:
- En el extremo Sureste (incluye Parque Nacional Sumaco) se pueden observar mayoritariamente asentamientos de altura, los cuales estarían vinculados entre sí por la cercanía que presentan considerando el paso desde la zona andina. Si bien estos asentamientos no se encuentran en el área de influencia directa de los ríos secundarios, sería el patrón de colinas que dominaría en la zona (por las alturas en las que se encuentran reportados los puntos con evidencia de material cultural). La dispersión que se puede observar a nivel regional, al tratarse de estudios puntuales dan la pauta a posibles formas de reocupación de la zona, además de ser grupos que potencialmente mantuvieron contacto con la zona andina.
- Extremo Noreste: en el área del Río Payamino se puede observar un patrón de asentamiento fluvial e ínter fluvial, haciendo remembranza de los datos aportados por Jiménez de la Espada, y tomando los Estudios de María Susana Cippolleti, en la parte de Sucumbíos. Es muy posible que en el interior de esta zona hayan coexistido asentamientos ribereños interconectados entre sí junto con grupos que dominaban los interfluvios, los primeros con un manejo importante de la navegación fluvial, llegando hasta la unión de los ríos Napo y Coca, con posibles niveles de sedentarización que les permitiría una estabilidad temporal en la zona. Si bien no se puede decir a ciencia cierta que eran completamente sedentarios, estos grupos están localizados en una zona de cierta estabilidad geológica, en áreas que principalmente se encuentran sobre los 400 m.s.n.m, a partir de la cual el sedentarismo puede ser una opción muy viable. Los grupos localizados entre los dos ríos secundarios en esta zona, al estar localizados en partes bajas, posiblemente hayan tenido una presencia un poco más itinerante.
- Zona de las Juntas del río Napo y el río Coca. Este punto presenta la confluencia de varios grupos los cuales, al igual que los del Extremo Suroeste, debieron guardar contacto con grupos andinos. En tanto su curso fluvial permite este hecho, las ocupaciones en el interior del punto de confluencia de estas dos cuencas es muy variable, existiendo sitios con evidencia ocupacional localizados entre 242 y 300 m.s.n.m, situación que posiblemente este asociada al hecho de grupos itinerantes y estables relacionados con el comercio. Asociado a esta zona se encuentran asentamientos lagunares hacia el noroeste del cruce fluvial (PIII -A 4-01).
- Rivera del Napo. Como quedó establecido en su momento por Betty Meggers, los asentamientos podrían albergar grandes poblaciones, con la presencia de pequeñas unidades domésticas dependientes del asentamiento principal, sobre la base de los datos recabados, y considerando tanto el dato etnohistórico como el arqueológico, para un periodo tardío, en donde incluso se puede hablar de verdaderos cacicazgos en la zona. Los puntos de interés arqueológico en esta zona se encuentran más bien en zonas bajas entre 200 y 240 m.s.n.m, situación asociada a pequeñas zonas de pernoctación tipo tambos, en los cuales los viajeros podían pasar para aprovisionamiento. Además, también se asocia a la existencia de poblaciones estables que soportarían su forma de vida, no solo en la producción local si no también en comercio con otros grupos, por lo que las crecidas del río Napo no formaban un impedimento para su localización en estos puntos.
- Zona central de interfluvios. En este punto es de suma importancia referirse al trabajo de Patricia Netherly, información en la que aunque, se encuentra incompleta, queda propuesto que estos sitios corresponden a poblados interconectados entre sí y que presentan grandes pero dispersas poblaciones. Haciendo una analogía etnográfica contemporánea, considerando la presencia de grupos como los Huahorani dentro de la zona, se debe resaltar que las formas de asentamientos corresponderían a grupos itinerantes, grupos que se mantenían dentro de este territorio de forma un tanto estable durante lapsos determinados para posteriormente proceder a un abandono. Hasta cierto punto, se podría considerar este hecho realizando una lectura moderna, como una forma de manejo ecológico de la zona, evitando la total desaparición de recursos bióticos en el momento de decrecimiento de especies en las zonas. Se debe indicar, además, que si bien estos grupos contemporáneos viven en familias ampliadas, también es importante considerar que las unidades domésticas se encuentran dispersas. Los asentamientos en esta zona se localizan, preferencialmente, a 280 m.s.n.m de altura, situación vinculada con las características anegadizas del tipo de suelo que posee la zona.
- En la zona oeste, hacía el área de influencia directa del río Tiputini, son escasos los puntos con presencia de material cultural, aunque también se debe considerar que los estudios son puntuales y bastante aislados. Sin embargo, en el interfluvio que abarca el Tiputini y el Yasuní, al norte de éste, se puede determinar la existencia de varios puntos con evidencia de ocupación humana, considerando la cercanía y el flujo fluvial. Es posible que los asentamientos humanos hayan tenido un comportamiento similar a los de los interfluvios centrales, en las zonas más alejadas de los ríos; sin embargo, en la parte más cercana, considerando que las alturas fluctúan entre los 200 y 215 m.s.n.m se podría hacer uso de los bancos como formas estables, en donde el cauce fluvial que llegaría hasta las lagunas pudo haber originado la presencia de asentamientos de tipo lagunar en esta zona, albergando tanto a poblaciones permanentes como a grupos itinerantes. Estos grupos estarían estacionalmente en este punto, y también podrían ser grupos que incursionaban para obtener recursos de flora y fauna suntuarios (por la cercanía a la laguna, posiblemente la fuente de acceso pudo ser por el río Napo), lo que debe ser sujeto a verificación a partir de la prospección o una muestra en las zona Oeste y Suroeste.
En general, se debe indicar, que a partir de los Estudios de Impacto Ambiental, vinculados principalmente a la industria hidrocarburífera, no sólo se ha evitado la perdida de material cultural, sino que aunque de forma un tanto coartada por análisis reducidos a zonas puntuales, se ha dado el primer paso para conocer un poco más sobre quienes pudieron ser los antiguos moradores de lo que constituye la Amazonía Norte Ecuatoriana, en donde se localiza la Provincia de Orellana, pero los resultados obtenidos no son suficientes para reconstruir al completo la prehistoria de la zona.
La riqueza cultural que posee esta zona se encuentra vinculada con su potencial ecológico, en donde el comercio debió jugar un papel importante, hipótesis que se puede sustentar en función de las investigaciones que se llevan adelante en la zona, tomando en cuenta que una de las formas más importantes de transporte para conectar grandes territorios, en el caso de Sudamérica, era la fluvial hasta la aparición de la transportación aérea y que hoy en día aún se sigue utilizando.
La Amazonía Ecuatoriana debió jugar un papel clave en el contacto entre la Zona Andina con el Amazonas, siendo clave el territorio que hoy en día se conoce como Provincia de Orellana, en tanto esta bañado por el río Napo, cuenca fluvial clave, que pudo a través de la navegación ser un punto estratégico para unir el Pacífico con el Atlántico, empresa que hoy en día se quiere realizar buscando una ruta que una Manta con Manaos, haciendo un puerto en un punto aun no establecido claramente en el Napo, para llegar al Atlántico, pese a que el Ecuador se encuentra como en la zona alta de los afluentes del río Amazonas, por la perdida de territorio que ha tenido desde inicios de la república.
Notas
[*] Este documento parte de la investigación realizada para la obtención del Diploma de Estudios Avanzados por la Universidad de Granada, siendo un pilar fundamental para esto el Dr. José Antonio Esquivel Guerreo mi tutor y amigo. El Dr. Francisco Contreras Cortés jugó un papel importante, en tanto fue quien me dio la oportunidad de acceder al programa de investigación del Doctorado en Arqueología y Territorio. Debo extender mi sentimiento de gratitud Paulo Félix, quien me impulso a escribir este artículo, pese al colapso que es mi vida en este momento, me ha servido para aclarar algunos puntos para una investigación que paradójicamente es de urgencia en la Provincia de Orellana, en las Riveras del Napo. El Instituto Nacional de Patrimonio Cultural del Ecuador y los funcionarios del Departamento de Investigación Antropológica colaboraron al facilitarme los informes para mi investigación, gracias a Mónica Bolaños, María Moreira, Rocío Murillo y Francisco Sánchez, por darme todas las facilidades para poder llevar a cabo un proyecto que tenía pensado desde 1998 y que lo culmine en parte cuando pude escribir mi DEA y que personalmente cada día me enriquece más en tanto sigo trabajando en esta zona.
[1] Sobre los debates de arqueología de salvamento véase Álvarez y Marcos (1986).
[2] Se decidió utilizar el termino sitio que puede ser equiparado a zona de interés arqueológico mas que yacimiento, la presencia de material cultural debe ser considerada como zona de actividad humana que ha dejado un registro de cultura material. No se considera el termino ya que en este caso puntual los sitios que reportan material cultural pueden o no estar interconectados los unos con los otros, siendo parte de uno o varios yacimientos, que por la limitación de la muestra no han sido entendidos como tales.
[3] Netherly (1996), informe presentado al INPC, Quito, Ecuador. O-PN-96-7, trabajo realizado para la empresa MAXUS.
[4] Los informes de prospección revisados en su mayoría fueron de una sola plataforma, otros eran multicomponentes, pero todos involucraban a la industria hidrocarburífera, no se encontró ninguno de los gobiernos seccionales (Solórzano, 2005).
[5] Este proyecto estuvo a cargo de F. Delgado, tuvo una duración de un año, iniciándose en junio de 1998 y terminándose en julio de 1999, en donde el investigador reportó más de 100 sitios arqueológicos en 30 km.
[6] En algunos de los casos se realizan recopilaciones bibliográficas de las zonas circundantes al proyecto, siendo pocos los trabajos que realizan una lectura de posible interconexión de actividad humana en los puntos donde hay evidencia de material cultural.
[7] Los análisis estadísticos especializados (test de Chi-cuadrado) fueron realizados por el Dr. José Antonio Esquivel Guerrero, catedrático de la Universidad de Granada y tutor de la investigación base de la que parte el documento.
[8] Estos intervalos se mantendrán para los análisis donde se considere la cerámica como una de las variables.
[9] Previo a la inserción de la industria petrolera dentro de la zona.
Bibliografía
ÁLVAREZ, S.; MARCOS, J. (1986) - La importancia del Rescate Arqueológico en el Ecuador. In MARCOS, J., Ed. - Arqueología de la costa ecuatoriana: nuevos enfoques. Quito: Corporación Editora Nacional.
INPC (1999) - Ley de Patrimonio Cultural y Reglamento. Quito.
NETHERLY. P. (1996) - Prospección de rescate arqueológico en el derecho de vía de los caminos de acceso a los pozos Gitana B e Iro A y el reconocimiento de Las Mismas Plata. informe presentado al INPC. Quito. O-PN-96-7.
NETHERLY, P. (1997) - Loma y Ribera: patrones de asentamiento prehistóricos en la Amazonía Ecuatoriana. In Fronteras de Investigación. Quito: Fundación Alexander Von Humbolt y Ediciones Aby Ayala. Vol. 1.
SOLÓRZANO, M. S. (2005) - Análisis de la distribución de los asentamientos registrados mediante Arqueología de Contrato en la Provincia de Orellana - Ecuador. Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Granada [Disertación para obtención del Diploma de Estudios Avanzados en Arqueología y Territorio].